RETABLO DE NUESTRA IGLESIA
RETABLO: Estructura de piedra, madera u otros materiales que cubre el muro situado detrás del altar, compuesta de obras escultóricas o pictóricas con motivos religiosos. (Definición de la RAE)
PÉTREO: que es de piedra.
Este escrito lo comienzo con las dos definiciones comentadas arriba.
Nunca creí que nuestra parroquia, tuviera RETABLO, pues estamos acostumbrados a ver en las iglesias retablos muy bonitos, pero de madera. Y es que en la parroquia de Guadiana se puso un RETABLO PÉTREO, o sea un retablo de piedra.
En la Iglesia de nuestro pueblo dedicada a la Virgen de la Soledad, tenemos una obra de arte que todos hemos visto muchísimas veces y no hemos reparado en la misma. Se trata del retablo pétreo en bajorrelieve con escenas de la vida de Jesús y María.
Este retablo en principio estaba situado en el altar mayor en el mismo centro, ya que el altar no era como es ahora si no como esta en la fotografía. (Número 1)

Retablo pétreo
“Título: Los siete dolores.
Fecha: Segunda mitad del siglo XX.
Comentario artístico:
Retablo pétreo en bajorrelieve con escenas de la vida de Jesús y María. Está compuesto por siete paneles cuadrados de 1 m2 cada uno. Se representan: la Presentación de Jesús en el templo; la Huida a Egipto; Cristo ante los doctores; la Crucifixión; Cristo con la cruz a cuestas; la Piedad y la Virgen María sostenida por dos mujeres tras el Entierro.
Obra de buena factura y composición. Sobresale el empleo de las texturas en la piedra y el estudio de la profundidad de las escenas. Es una obra del escultor Eduardo Carretero Ferré (Granada, 1920 – Chinchón, 2011). Formado en la Escuela de Artes y Oficios de Granada, tuvo amistad con otros artistas que trabajaron para el Instituto Nacional de Colonización como el también granadino Antonio Rodríguez Valdivieso o Manuel Rivera. Le interesó la modernidad y plasmar la síntesis y la geometrización en sus obras.”

Cuando se hicieron las obras en nuestra parroquia, todo el retablo pétreo se mudó a la nueva capilla de la Virgen de la Soledad, y se le pusieron unas bonitas cortinas las cuales tapaban todo el retablo de piedra del gran escultor Eduardo Carretero Ferré y de esa forma estuvo tapado durante algunos años, pero hace no mucho tiempo se quitaron dichas cortinas para que se pudiera apreciar tan magnífica obra.
Investigando en internet he encontrado algo sobre la vida de dicho escultor escrito por Don Manuel Carrasco en la página web El eremita, contándonos pasajes de la vida de Don Eduardo Carretero Ferré (Granada, 1920 – Chinchón, 2011) que a continuación escribiré todo ello entrecomillado y en cursiva, pues son palabras de Don Manuel Carrasco, claro está solo escribiré algunas partes de dicho escrito.
“Eduardo Carretero fue una de las personas honestas que vivieron en este mundo, que además ha sido un espléndido artista y nos ha dejado el fruto de su larga carrera de más de setenta y cinco años de trayectoria profesional, que no ha sido suficientemente valorada y conocida; pero eso a él no le importaba demasiado, porque logró alcanzar eso tan difícil de conseguir que es la autosatisfacción personal de la obra bien hecha.

La vida de Eduardo Carretero daría para escribir una novela.
Podría ser una novela de aventuras si nos centrásemos en su juventud, cuando huyó de su Granada natal, andando a través de la serranía y cruzando las líneas de batalla, hasta llegar a Guadix donde se encontraba la comandancia militar, para alistarse en el ejército de la República. Después contaríamos su participación en la batalla del Jarama, cómo colaboró en la realización del monumento a las Brigadas Internacionales en la carretera de Morata de Tajuña y cómo fue herido por una granada de mano que le estalló en sus pies, salvándose de la amputación de sus piernas gracias a la intervención de una enfermera que le cuidó, y de la que nunca volvió a tener noticias.
Pero también podríamos hacer una novela de amor, contando cómo conoció a Isabel, una niña de tez morena y de largas trenzas que iba por las tardes a la pastelería “López Mezquita” de la calle Zacatín de Granada, que estaba junto a la tienda de telas de su padre, a la que había puesto el pomposo nombre de “Ciudad de Berlín”. Contaríamos cómo a él le parecía un amor imposible, porque era consciente de las diferencias sociales y económicas de las dos familias. Seguiríamos contando cómo se la volvió a encontrar cuando volvió a Granada en el año 1942, después de pasar tres largos años en un campo de concentración, que entonces llamaban “de trabajo” y, al haber desaparecido aquellas diferencias familiares, pudo declararle su amor. Nos detendríamos en contar detalladamente que gracias a una beca del Ayuntamiento de Granada que le aseguraba unos ingresos de 3000 pesetas anuales, se pudo decidir a casarse y cómo años después se marchó sólo a Madrid, a buscar nuevos horizontes profesionales y sólo unos meses después pudo llamar a Isabel para que se viniese a vivir en un pequeñísimo piso en la capital. Y toda una larga historia de amor que siguió en Fuengirola junto al Mediterráneo, rodeados de amigos; y su llegada a Chinchón, y la construcción del que sería su hogar definitivo, donde Isabel se convertiría en artista mientras perdía, poco a poco, la salud.
También podría ser una novela escrita por Camilo José Cela, y nos contaría aquellos años de penurias en Madrid, asistiendo a las tertulias del Café Gijón, con sus amigos poetas, pintores y artistas, teniendo que sobrevivir con los pocos trabajos que le iban ofreciendo y que apenas si cubrían sus más sencillas necesidades.

Pero no, ahora no es el momento de hacer una novela, es la hora de contar su trayectoria profesional y cómo se fue forjando como escultor.
Eduardo Carretero Martín, nació en Granada el día 13 de enero de 1920.
Su madre, Ángela Martín Quero, era maestra y de familia granadina. Su padre, Isidoro Carretero Ferre, provenía de Ohanes (Almería).
Su primer colegio fue el Calderón; después cursó estudios en el colegio de los Padres Escolapios hasta que hizo la primera comunión y más tarde ingresaría en la Abadía del Sacro Monte como alumno interno.
Su abuelo paterno le inició en el dibujo. En las horas que Eduardo pasaba en la tienda, iba copiando los dibujos que su abuelo le hacía en el papel de envolver.
Las primeras clases de modelado las recibió del escultor Molina de Haro y a esta época (1935) pertenece su primer retrato por el que cobró cinco duros y del que guarda un documento gráfico ya que el retratado insistió en que antes de pagarle tendría que posar con él y su busto. Hay que reseñar que esta cantidad era de cierta importancia, ya que el sueldo diario de un trabajador adulto estaba fijado en cinco pesetas.
Terminada la Guerra Civil, logra escapar de Madrid y se refugia en la casa de su abuela en Granada, donde pasa desapercibido hasta que le llaman a filas, y como no puede aportar ningún documento de adhesión al Régimen, es enviado a un campo de concentración y después, durante tres largos años, a un batallón de trabajos donde sigue manifestando sus cualidades artísticas realizando numerosas estatuillas, que regala a sus compañeros, y retratos de los mandos militares y sus familias, gracias a lo cual le permitía tener algunas prebendas y no pasar demasiado hambre. De estas obras sólo conserva una pequeña cara de niña, realizada en greda, que está fechada en el año 1942.
En el año 1946 consigue una beca del Ayuntamiento de Granada de 3000 pesetas al año, por su obra “cabeza de niña” en mármol, hoy propiedad de la familia de don Alfredo Daneo, y gracias a esta beca puede tomar la decisión de casarse con Isabel.
Comienza a trabajar con el arquitecto José Luis Fernández del Amo, encargado de rehabilitar las “regiones devastadas”, visitando diferentes iglesias de la Alpujarra junto a su amigo el pintor Antonio Rodríguez Valdivielso y el aparejador Paco Ruiz, para realizar la catalogación de los daños producidos por la recién terminada guerra civil española de 1936-39.
Cuenta Eduardo una anécdota de aquella época: Todos los componentes del grupo, al tener que viajar constantemente de pueblo en pueblo, y muchas veces por el campo, ofrecían un “aspecto de izquierdas”, según la Guardia Civil, (unos tenían barba y otros vestían con descuido) y fueron tomados por “maquis” y arrestados en el pueblo de Valor; solucionándose el problema gracias a la intervención de la mujer de Paco Ruiz. A Eduardo le “aconsejaron” que se afeitase la barba y que procurase pasar desapercibido. Él, entonces, decidió dejarse el bigote.
Trabaja también como supervisor de unas obras y en los ratos libres realiza los bocetos para el concurso que se celebraría en 1947, convocado para la realización de cuatro figuras de los evangelistas y una imagen de Santa Isabel de Hungría para la fachada del Colegio Mayor Isabel la Católica de Granada, concurso al que se presentaron grandes escultores de la época, como Cano Correa o Antonio Martínez Olalla. Eduardo gana el concurso, apoyado por el arquitecto Wihelmi, para la realización de los cuatro evangelistas y recibe 14.000 pesetas, que debían cubrir todos los gastos de la realización de las esculturas, que tenían que ser esculpidas en piedra de Bogarre, y de una altura de dos metros y medio.
«Tras la Guerra Civil nadie hacía encargos. Los escultores trabajábamos sólo gracias a los encargos oficiales de las instituciones, porque encargos particulares no había ninguno en absoluto. Lo que más tuve que hacer eran esculturas religiosas», Confiesa Eduardo.
En colaboración con el arquitecto Manuel Rosado, en el año 1950 realiza un retablo para el poblado “Guadiana del Caudillo” en piedra, de 4×3 metros.”
Como podréis apreciar, en estos escritos sobre nuestro escultor, está recogido el retablo para la iglesia de nuestro pueblo.
ANOTACIÓN
Todo lo escrito entrecomillado y en cursiva, es lo escrito al pie de la letra del documento de la Junta de Extremadura – Consejería de Sanidad y Políticas Sociales – Dirección General de Arquitectura.
Así como también todo lo escrito sobre nuestro escultor Don Eduardo Carretero Ferré, por Don Manuel Carrasco
Carmelo Plaza Casco